Titulares:
  1. REPARAR LA FRACTURA DE LA GOBERNANZA Y EL AUMENTO DE LA CORRUPCIÓN: "El buen gobierno que Puerto Rico necesita debe definir una ruta de desarrollo de corto, mediano y largo plazo. Tiene que ser eficaz, honesto y austero y tener la confianza del pueblo, capacidad de negociación política y herramientas claras y transparentes para lograr mejores resultados para la sociedad en general…
  2. FUNDAMENTAL PRESERVAR LA LIBERTAD DE INFORMACIÓN Y EL DERECHO DE EXPRESIÓN Y PRENSA: "El llamado a la ciudadanía es a aprender a identificar los contenidos no veraces que recibe a través de su teléfono y evitar reproducir datos por las redes sociales que no hayan sido verificados por fuentes fidedignas. Es responsabilidad de todos y todas que la información que compartimos sea fiable." Por:…
  3. TRANSPARENCIA, INTEGRIDAD PÚBLICA Y DERECHO A LA INFORMACIÓN PARA POTENCIAR LA GOBERNABILIDAD: "Frente a la actual coyuntura es evidente que nuestra sociedad nunca podrá avanzar si no dispone de la información para generar conocimiento e innovar para transformar su realidad." Por: Dra. Eneida Torres de Durand Directora Ejecutiva Centro de Gobernanza Pública y Corporativa Para ver el ensayo en PDF oprima aqui Es evidente que hay una…
  4. TRANSPARENCIA Y CAPACIDAD DE GOBERNANZA PARA ENFRENTAR LA PERPLEJIDAD: "El espíritu crítico de la sociedad con relación al funcionamiento de las instituciones y su capacidad de atender los problemas complejos debe transformarse en acciones concretas para combatir la corrupción y promover el bien común de la sociedad." Por: Dra. Eneida Torres de Durand Directora Ejecutiva Centro de Gobernanza Pública y Corporativa Oprima aquí…
  5. ESTABLECER UNA CULTURA DE RESPONSABILIDAD Y TRANSPARENCIA FISCAL: Por: Dra. Eneida Torres de Durand Directora Ejecutiva Centro de Gobernanza Pública y Corporativa "En este momento excepcional, encausar la salida de la crisis económica, fiscal y social que vivimos requiere una combinación de sacrificios, reducir significativamente la deuda y formular presupuestos abiertos para viabilizar una inversión en mejores condiciones y con el…

TRANSPARENCIA Y CAPACIDAD DE GOBERNANZA PARA ENFRENTAR LA PERPLEJIDAD

“El espíritu crítico de la sociedad con relación al funcionamiento de las instituciones y su capacidad de atender los problemas complejos debe transformarse en acciones concretas para combatir la corrupción y promover el bien común de la sociedad.”

Por: Dra. Eneida Torres de Durand

Directora Ejecutiva

Centro de Gobernanza Pública y Corporativa


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La corrupción afecta en todos los ámbitos de la sociedad. Por ello, es reconocido que su prevención permite avanzar el desarrollo inclusivo, el crecimiento económico sostenido y el bien común de la sociedad. Los actos de corrupción revelados en días recientes -sumado a los vividos durante las crisis de los huracanes, los terremotos y la pandemia- han producido gran convulsión y oleadas de indignación, pero no la perplejidad requerida para propiciar las transformaciones estructurales que requiere la sociedad. La decepción generalizada ha producido una molestia que se ha vuelto difusa y provoca perplejidad. De la perplejidad afirmó Confucio que no es propia de hombres sabios.

La Real Academia Española de la Lengua define perplejidad como “irresolución, confusión, duda de lo que se debe hacer en algo”. Este término de origen latino es una evolución de Perplexĭtas derivada de la palabra “perplexus” que a su vez se forma sumando el prefijo “per-“(intensidad) y el verbo “plectere” (enredar, dar muchas vueltas). En esta instancia se plantea que es necesario destruir las certezas aparentes para obtener las genuinas, dudar de todo para librarse de toda duda. La perplejidad sería quizás el paso previo, la fase en la que se cuestiona “la certeza de lo dado”, ese estado de tensión que experimenta el individuo en el momento de enfrentarse a decidir entre dos o más opciones.

Es evidente que su significado podría perfectamente definir el momento social y político que vivimos actualmente. La ciudadanía está perpleja ante la interminable procesión de presuntos corruptos que vemos desfilando antes los tribunales. La simple observación permite advertir que los protagonistas de estos episodios suelen pertenecer a dos mundos importantes en la vida pública: políticos y empresarios, y que el reparto de los papeles no está muy claro, no es fácil distinguir si el corruptor es el político y el empresario el corrompido o es lo inverso.  

La actual perplejidad con la forma de gobernar y gestionar los asuntos públicos que propicia la corrupción debe ser interpretada como una fase más de maduración de nuestra capacidad de gobernar y no como un fracaso de la democracia. En tiempos de gran turbulencia e incertidumbre, como los que vivimos, es reconocido que la corrupción es un complejo fenómeno social, político y económico, que afecta a todos los países. Por ejemplo, socava las instituciones democráticas al distorsionar los procesos electorales, pervierte el estado de derecho y crea atolladeros burocráticos, cuya única razón de ser es la de solicitar sobornos. También atrofia los cimientos del desarrollo económico, ya que desalienta la inversión extranjera directa y a las pequeñas empresas nacionales les resulta a menudo imposible superar los «gastos iniciales» requeridos por la corrupción.

Asimismo, los tiempos de incertidumbre y turbulencia que vivimos han resaltado las deficiencias y las carencias en el uso prudente de los recursos públicos; la rigidez, la obsolescencia y la lentitud burocrática de muchos procedimientos; los déficits de tecnología y manejo de datos; la redundancia de funciones y la falta de coordinación entre las agencias gubernamentales; la inexistencia de reglas y responsabilidades claras; y los espacios obscuros que propician la corrupción. La creciente demanda social de transparencia e información veraz durante la pandemia y las crisis que hemos vivido desde el 2017, afirma el valor público de contar con datos e información precisa y veraz para reducir el impacto del virus y batallar contra la desinformación, noticias falsas y maliciosas.

Sin lugar a duda, la apertura y la integridad gubernamental es considerada hoy día una herramienta fundamental para la mejora de la gobernanza y combatir la corrupción en el país. De acuerdo con el Centro de Gobernanza, la transparencia de la información es considerada un pilar de buena gobernanza pública. En este sentido, la buena gobernanza se refiere a la capacidad de una sociedad de garantizar un gobierno abierto, transparente y comprometido con la rendición de cuentas.

La transparencia en la gestión pública ya no es solamente una opción sino una obligación de los entes gubernamentales para dar respuesta a las obligaciones de buen gobierno y de transparentar y garantizar el derecho de acceso a la información a sus constituyentes. Para analizar y transformar todos los sectores que se ven afectados en esta transición hacia una cultura de transparencia e integridad en la gestión de los asuntos públicos es necesario detenerse a reflexionar y pensar en cómo integrar los cambios en las dinámicas de administración y gestión sin que ninguno de esos avances se vuelva en nuestra contra.

Para atender los desafíos de los tiempos disruptivos y de gran convulsión que vivimos y mitigar la corrupción las entidades internaciones recomiendan: (1) Adoptar procesos de contratación abiertos y transparentes para combatir irregularidades, identificar conflictos de interés y garantizar precios justos; (2) Publicar datos relevantes y garantizar el acceso a la información de manera accesible, puntual y fácil de entender; (3) Defender la democracia y fomentar el espacio público a fin de crear las condiciones necesarias para que los ciudadanos puedan pedir cuentas a sus gobiernos; (4) Reforzar las instituciones supervisoras y los organismos fiscalizadores anticorrupción de modo que los recursos lleguen a las personas que más los necesitan (Transparencia Internacional, 2021).

El espíritu crítico de la sociedad con relación al funcionamiento de las instituciones y su capacidad de atender los problemas complejos debe transformarse en acciones concretas para combatir la corrupción y promover el bien común de la sociedad.  En este contexto, las instituciones gubernamentales deben ser protagonistas obligadas a implicarse en el ejercicio de un rol de liderazgo y coordinación de la respuesta. la reconstrucción y la recuperación. Más aún, la gestión de lo público se hace más presente y visible lo cual incrementa la demanda social de transparencia y rendición de cuentas y los reclamos de acceso a la información para contrastar los datos y conocer los criterios de decisión y la identidad de quiénes son responsables por la toma de decisiones.

Los esfuerzos por mejorar la capacidad de gobernanza y combatir la corrupción benefician a todo el conjunto social. Es evidente que la mala conducta y las irregularidades están robando recursos valiosos para asegurar la prestación de los servicios esenciales a la población y promover el bien común de la sociedad.  La principal tarea del gobierno en esta instancia consiste en crear las condiciones de posibilidad en todos los niveles de gobierno, instituciones y organizaciones para generar conocimiento y acciones concretas para hacer frente a las nuevas realidades de la sociedad compleja que nos vemos obligados a gestionar.

Hay que crear las políticas adecuadas, adaptar los marcos legales, éticos y sociales para evitar la confusión y el miedo. Hacer frente a estos desafíos y trazar el camino hacia una sociedad en la que la transparencia, la integridad y el uso responsable del poder público para el bien común de la sociedad requiere de voluntad política y de capacidad institucional y compromiso firme del gobierno, los ciudadanos y los empresarios para coproducir las ideas, movilizar la acción, los resultados y calibrar los riesgos.

Por ello, el Centro de Gobernanza hace un llamado a los funcionarios del gobierno y a los líderes de todos los sectores de la sociedad a que actúen con transparencia y responsabilidad y a generar respuestas firmes y categóricas contra la corrupción y a redoblar la determinación de combatirla. Los planes de acción a emprender deben ser audaces y ambiciosos y abordar áreas transversales tales como: promover la transparencia y la rendición de cuentas; abordar las desigualdades sistémicas; combatir la desinformación y fortalecer el entorno de los medios de comunicación; generar confianza y fortalecer los esfuerzos para robustecer las finanzas públicas a través de la formulación de presupuestos abiertos.

Para lograrlo, es necesario establecer políticas, sistemas y medidas para que los ciudadanos puedan integrarse a los esfuerzos para decir no a la corrupción y desarrollar soluciones para mitigarla. La perplejidad debe movilizarnos a involucrarnos en la búsqueda de soluciones a los monumentales problemas que enfrentamos y hacer que los líderes rindan cuentas. Los empresarios tienen que actuar con responsabilidad. Tenemos que crear sin demora sistemas más sólidos para la transparencia, la rendición de cuentas y la integridad.

Es esencial contar con un espacio cívico dinámico, con acceso abierto a la información. Todos los sectores de la sociedad tienen un rol que cumplir para prevenir y combatir la corrupción a fin de fomentar la resiliencia y la integridad en todos los niveles de sociedad.  Asimismo, debemos proteger los derechos de quienes denuncian los actos de corrupción y reconocer su valor. Hay que hacer hincapié en la responsabilidad del gobierno de implantar medidas efectivas de protección a los denunciantes para así garantizar que los mismos estén protegidos contra cualquier posible represalia.

El nuevo año que se aproxima es propicio para atender estos desafíos impostergables. Veremos…

Diciembre 2021

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