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RESPONSABILIDAD SOCIAL PLATAFORMA PARA UN PARADIGMA DE DESARROLLO SOSTENIBLE

“El proceso de puesta en práctica del desarrollo sostenible exige complementar la aplicación de un enfoque sistémico con la integración de perspectivas múltiples.  Es la responsabilidad social la plataforma para el establecimiento de un paradigma hacia el desarrollo sostenible.”


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Por: Dr. Ramón Torres Morales y Dra. Virgenmina Torres[1]

 

Introducción

 El concepto de desarrollo sostenible es muy distinto del de sostenibilidad en el sentido de que la palabra “desarrollo” describe la idea de cambio ya sea gradual y direccional. El desarrollo no significa necesariamente crecimiento cuantitativo, pues se iguala al concepto de despliegue cualitativo de potencialidades de complejidad creciente (Gallopin, 2003).  Se procura el sostenimiento del proceso de mejoramiento de la condición humana, o sea, el sistema socio-ecológico en el que participan los seres humanos, proceso que no necesariamente requiere del crecimiento indefinido del consumo de energía y materiales.   Se requiere de intensa participación ciudadana durante el proceso de mejoramiento holístico, donde la responsabilidad social e institucional toman suma relevancia en la implantación exitosa en el entorno global (Hofstede, 2003).  Una sólida estructura de valores, su integración de la cultura organizacional, la apertura a la diversidad son elementos fundamentales para propiciar el fortalecimiento de una ventaja competitiva (Alonso, 2002).  De esta forma puede estimularse el desarrollo sostenible de una institución, región o país (Yarce, 2001).

El desarrollo sostenible envuelve un cambio en cuanto a la idea de sustentabilidad ambiental, con énfasis al contexto económico y social.  Por tanto, puede definirse como: “el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” (Bermejo, 2014). Mckeown (2002) menciona que la educación afecta directamente a los planes de sostenibilidad.  A su vez, la relación entre la educación y el desarrollo sostenible es compleja.

Posicionamiento Global

El postulado principal sostiene que la protección ambiental debe dejar de ser un asunto regional o nacional y convertirse en un asunto global. La importancia de este documento reside en que lanza el concepto de desarrollo sostenible. El cual es definido como: “el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” (Bermejo, 2014). Envuelve un cambio en cuanto a la idea de sustentabilidad ambiental, y a un marco que da, también, énfasis al contexto económico y social.   Por ende, a discusión del fenómeno de la globalización y la diversidad cultural en el entorno internacional realzan la relevancia de la responsabilidad social, estructura de valores del ciudadano como la cultura organizacional de las instituciones donde enmarca su ámbito de ejecución para fomentar las bases para un desarrollo sostenible.

Beck (1998) describió su visión socio-política sobre la globalización al discutir los errores del fenómeno, su reclamo de justicia social, y ofrece sus respuestas para atender la nueva configuración política de la globalización. Usó de plataforma o modelo de globalización, obviamente a Europa, planteándolo no como un territorio geográfico, sino como un espacio transnacional, cuyas políticas nacionales o estatales no pone en riesgo la globalización, al contrario, se convierten en elementos de integración. Según Beck, el globalismo neoliberal reduce la discusión al aspecto económico que se alcanza mediante la relación lineal con los requerimientos del mercado mundial. Por esto, prepuso que es muy apropiada para aumentar la riqueza y proveer un balance adecuado de éstas. Sugirió que tiende a confundirse la globalización económica y apertura de los mercados de capital con la internacionalización de la economía y el comercio internacional, y recalca que aún no hemos alcanzado la misma, pues esta apertura económica está basada en tres grandes regiones transnacionales como América, Europa y Asia. Además, planteó una carencia de transformación política, supeditando los aspectos políticos y culturales a lo económico y su inconsistencia, atribuyendo a la integración cultural el resultado global. Como respuesta a las deficiencias de la globalización sugirió como todos los ámbitos de la sociedad deben afrontar el dínamo de la globalización, la cual transformará sus fundamentos. Para este debate propuso la cooperación internacional de forma tal que se minimice el abuso económico de las empresas y amplíen los ingresos estatales, donde los estados comparten su soberanía y la fortalece dentro del marco de la sociedad mundial. Para armonizar estas transformaciones sociales, políticas y económicas a las realidades sociales y fiscales se esboza la persecución de un modelo de desarrollo sostenible en contraposición a la sostenibilidad económica de las pasadas décadas.

Desarrollo sostenible

La definición que es citada con mayor frecuencia (Gallopin, 2003) es la propuesta por la comisión de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo. En su informe a la Asamblea General de las Naciones Unidas titulado: “Nuestro Futuro Común” (posteriormente ha de conocerse como el “Informe Brundtland”, por su autora, Gro Harlem Brundtland, ex-primera ministra noruega y quien fue presidente de la Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas y responsable de la publicación del Informe en 1987) fue el primer intento de eliminar la confrontación entre desarrollo y sostenibilidad. El postulado principal de este documento es que la protección ambiental debe dejar de ser un asunto regional o nacional y convertirse en un asunto global. La importancia de este documento reside en que lanza el concepto de desarrollo sostenible. El cual es definido como: “el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” (Bermejo, 2014). Envuelve un cambio en cuanto a la idea de sustentabilidad ambiental, y a un marco que da, también, énfasis al contexto económico y social. Contrastando el asunto de la degradación ambiental que viene a consecuencia del crecimiento económico y a la vez de la necesidad de ese crecimiento para aliviar la pobreza (Directorio Forestal Maderero, 2017). En fin, como establece el Informe Nuestro Futuro Común la noción del desarrollo sostenible es una exhortación por mirar de cerca los modelos de producción y consumo existentes que tracen la ruta para el camino de avanzada.

El concepto de desarrollo sostenible presentado por Angulo (2010), recoge muchos de los elementos vistos hasta el momento, al afirmar que: “Tal desarrollo será sostenible si vincula las decisiones económicas con el bienestar social y ecológico, es decir, vincular la calidad de vida con la calidad del medio ambiente y, por lo tanto, con la racionalidad económica y el bienestar social”. En otras palabras, el desarrollo es sostenible si mejora el nivel y la calidad de la vida humana al tiempo que garantiza y conserva los recursos naturales del planeta (Angulo, 2010).

Según Foladori & Tommasino (2000) las diversas teorías de desarrollo sostenible pueden ser reducidas a tres grandes ejes: la sustentabilidad es exclusivamente ecológica, sustentabilidad social limitada, coevolución sociedad-naturaleza. Entre los tres grupos hay dos elementos: la sustentabilidad ecológica y la sustentabilidad social. En la misma línea, estos autores consideran que la discusión sobre el desarrollo sostenible contuvo desde su origen dos tipos de preocupaciones, una estrictamente ecológica ligada a la depredación de recursos, aumento de la contaminación y pérdida de valores “ecológicos” como la biodiversidad y el medio ambiente, la otra preocupación reside en la sustentabilidad social, relacionada al tema de la pobreza (Foladori & Tommasino, 2000).  En la actualidad, para Artaraz (2002) existen múltiples interpretaciones del concepto de desarrollo sostenible y coinciden en que, para lograrlo, las medidas a considerar deberán ser económicamente viables, respetar el medioambiente y ser socialmente equitativas. La teoría de las tres dimensiones de desarrollo sostenible convierte sus dimensiones en sostenibilidades: sostenibilidad económica, sostenibilidad ambiental y sostenibilidad social (Altaraz, 2002).

Para Pierri (2005) las principales interpretaciones actuales sobre el desarrollo sostenible parten de la identificación de las diferentes teorías privilegiando los tres aspectos de la sustentabilidad (económico, ecológico y social). Menciona la autora que el ambientalismo moderado y los ecologistas conservacionistas privilegian el eje económico ecológico, y que confluyen en las políticas ambientales realmente existentes, ocupándose de establecer qué y cuánto capital natural conservar, lo cual aparece formulado como alternativas entre “grados de sustentabilidad”. Además, Pierri (2005) establece que la pobreza debe ser abordado como un problema y atenuado mediante redistribución de ingresos, porque crea problemas ambientales. También, la corriente humanista crítica (ecología social y marxismo) hace lo inverso: se centra en la cuestión de la sustentabilidad social y, por tanto, en qué cambios son necesarios para que el uso económico de los recursos naturales se subordine a los objetivos sociales, para lo que entienden necesario superar el capitalismo en una sociedad nueva (Pierri, 2005).

Contexto Cultural

 Las características culturales particulares a un país son procesadas y manejadas por los individuos del medio ambiente o vida social en donde interaccionan. Esa vida social es el conjunto de relaciones con otras personas y nuestra percepción sobre ellas. El trato con los otros miembros de la sociedad surge de la percepción social de sus componentes, y no necesariamente de lo que puedan ser realmente. Esta misma percepción puede afectarse y diferir dependiendo de nuestro role en la sociedad, ya sea como partícipes u observadores. El proceso de la percepción social permite tener una primera impresión de otras personas y basados en ésta, realizar un juicio propio convirtiéndolos en vectores de nuestra relación con esas personas. Esa percepción puede tener unas peculiaridades físicas, demográficas y profesionales complementadas por un grupo de intereses, valores y motivaciones. Otro grupo de características simplemente se deducen o se comunican directamente, según expresado anteriormente.

Diariamente, debido al desarrollo cultural, se evalúa y procesa la información que se provee del grupo social, ya sea por propia percepción o mediante la atribución, creencia que obre algún evento o suceso. Esto puede ocurrir mediante la inferencia sobre las causas de esos sucesos sobre la conducta propia y la de los demás. Para Alonso (2002) es mediante este proceso de cognición social o conocimiento del ambiente social es que el individuo desarrolla sus actitudes y valores.

De la misma manera, mientras más se globalizan los mercados, resulta imperativo la estandarización de las estrategias gerenciales y la integración de estilos administrativos de modo que haya una comunicación efectiva de procesos, diseños, transferencia de sistemas, procesos y conocimiento corporativo entre sus distintas organizaciones y mercados a través del mundo.   Al mismo tiempo, se hace necesario adaptar dichas organizaciones a las características culturales locales de dichos mercados. Este balance es crucial para el éxito de las organizaciones en un mundo globalizado, basado en el modelo de Hofstede (2003).

En el ámbito empresarial e institucional, se desarrolla la actitud hacia el trabajo, la autoridad, la administración, el liderato, el sentimiento de grupo o nacional y los valores de honestidad y la lealtad. El espectro de actitudes lo conforman el grupo de reacciones favorables o negativas del individuo hacia una actividad.  Las mismas están constituidas por la combinación de elementos cognoscitivos o de creencia, afectivos o subjetivos, conductuales o de comportamiento. Las actitudes se aprenden durante toda la vida mediante la educación, las vivencias, la influencia grupal, y los mecanismos de difusión informativa. Mientras más dinámico el ambiente social, más complejo el desarrollo de actitudes. Por otro lado, mientras más interacciones en el proceso evolutivo, más diversificados podrán ser los rasgos culturales. De otra parte, mientras más diverso es el campo de interacciones sociales, más diluido o débil puede ser la formación de valores o principios morales. De la misma manera, mientras más se globalizan los mercados, resulta imperante la estandarización de las estrategias gerenciales y la integración de estilos administrativos de modo que haya una comunicación efectiva de la cultura organizacional, sus procesos, diseños, sistemas, y asuntos organizacionales entre las distintas organizaciones y los mercados a través del mundo.

Debe establecerse el marco conceptual sobre la formación y evolución cultural de un grupo o sociedad y cómo estos rasgos pueden influenciar el desarrollo de la cultura institucional y corporativa, su estilo gerencial y las tendencias de liderato de una empresa. Esto, al considerar a los líderes o ejecutivos empresariales, ya no solamente como líderes de una firma, sino también como participantes en una sociedad que le ha de brindar sus vivencias y mecanismos de interrelación personal.  Además de trasmitirles sus tendencias culturales que posteriormente marcarán sus características, tendencias y aptitudes como ejecutivos.

La cultura es el conjunto de técnicas de producción, tradiciones, normas, costumbres y creencias de un pueblo o nación. Es la gran estructura social en la cual nacemos, nos desarrollamos y vivimos. Cada pueblo tiene sus rasgos culturales particulares los cuales son variados y diferentes.  Todas poseen elementos positivos y negativos, por lo que se hace complejo aplicar criterios de evaluación cuantitativa o cualitativa a éstos. Estos elementos no permiten la medición de la cultura versus otra, ni establecer su superioridad.  Cada individuo aprende a integrarse a una estructura social o cultura particular, la cual ha sido transmitida de generación en generación. Ésta es una manera de unión entre sus integrantes, que les permite la comunicación y posibilita la relación interpersonal.  Existe una correlación entre las culturas y los niveles de influencia entre ellas.

La funcionalidad cultural estriba en cómo asegurar las condiciones para los cambios y la transformación social. Por ende, la funcionalidad no puede ser estática, sino dinámica, pues evoluciona tanto por su actividad interna como por la interacción con otras culturas. Es imprescindible comprender la relación cultural en niveles de igualdad, y dentro de las diferencias entre las distintas culturas. La diversidad que surge de esta interacción es saludable para una evolución ordenada y constructiva. La misma establece las bases para una convivencia democrática con igualdad de derechos y oportunidades, que causa un impacto en la cultura organizacional y las tendencias del individuo hacia el empleo, la empresa y sus activos.

Según Alonso (2002), la Psicología Social demarca cómo las situaciones sociales y grupales impactan la conducta humana, por ende, las tendencias de liderato y su percepción en el individuo. Es bajo el contexto social donde ocurren las relaciones humanas siendo éste, el canvas donde se trazan las vidas cada individuo.  La economía global y el neoliberalismo son fenómenos que han introducido múltiples cambios sociales, que han motivado eventos, tales como la explosión de la tecnología y las telecomunicaciones, la sociedad del conocimiento de Peter Drucker (1994), el consumerismo, los eventos migratorios y la transferencia de conocimiento como mecanismo para maximizar la cadena de valor de Michael Porter (1985). Es necesario acomodar estos cambios dentro de la matriz social para explicar el comportamiento humano dentro de las nociones de sociabilidad, la percepción sobre nosotros y el resto de los individuos, el conocimiento de nuestra conducta, el desarrollo del capital humano y su realidad ante una sociedad globalizada.

La educación como instrumento para la diseminación de conocimiento, es una piedra angular para la sostenibilidad. Sin embargo, la paradoja es que los países con mayores niveles de educación tienen las mayores tasas de consumo per cápita (Mckeown, 2002). El reto que lanza Mckeown (2002) es “elevar los niveles de educación sin crear una demanda cada vez mayor de recursos y bienes de consumo y la consecuente producción de contaminantes”. Por lo que, la relación entre la educación y el desarrollo sostenible es compleja. Mckeown (2002) menciona que la educación afecta directamente a los planes de sostenibilidad en las siguientes tres (3) esferas. La implantación una ciudanía educada es vital para la implantación de un desarrollo informado y sostenible, la toma de decisiones: las buenas decisiones que sean tomadas en forma comunitaria tendrán un impacto sobre el bienestar social, económico y ambiental. También, dependerán de los ciudadanos educados y una calidad de vida: la educación, es fundamental para mejorar la calidad de vida. Una mejor educación tiene implicaciones en el plano individual y colectivo.

Por lo tanto, la educación es central para la sostenibilidad ya que están relacionadas inextricablemente. La educación para la sostenibilidad, según Mckeown (2002), debe de poseer varios componentes. Podemos mencionar la inclusión de las condiciones ambientales, económicas y sociales de la localidad.  Además, la reorientación de la educación universitaria. La administración y facultad deben reorientar los programas académicos de las universidades para incluir las múltiples y complejas facetas de la sostenibilidad.  La sostenibilidad requiere que la población esté consciente de las metas de una sociedad sostenible y que posea los conocimientos y habilidades para contribuir con las metas.   Por último, Es necesario una ciudadanía letrada y con conciencia ambiental, así como de una fuerza laboral que ayude a guiar al país en la implantación de sus planes de sostenibilidad.  Este mismo autor, menciona que para abordar la sostenibilidad deben incluirse un programa académico formal con cinco (5) compontes. Estos son: conocimientos, habilidades, perspectivas, valores y problemas. Los/as estudiantes necesitan de conocimientos básicos de las ciencias naturales, ciencias sociales y humanidades para comprender los principios de desarrollo sostenible, como puede ser implantados, los valores que implican y las ramificaciones de su implantación (Mckeown, 2002). En cuanto, a las habilidades deben ser prácticas que les permita seguir aprendiendo después de que terminen la universidad, ganarse la vida de una manera sostenible, y llevar una vida sostenible. La capacidad de considerar un tema desde la perspectiva de varios grupos de interesados es esencial en la educación para el desarrollo sostenible. Según, Mckeown (2002) entender los propios valores, los valores de la sociedad en que se vive y los valores de otras personas en el mundo es una sociedad en que se vive, y los valores de otras personas en mundo es una parte fundamental de la educación para un futuro sostenible. Por último, cuando la educación debe ser enfocada en los principales problemas sociales, económicos y ambientales que amenazan la sostenibilidad del planeta (Mckeown, 2002).

Elementos para un desarrollo sostenible

Para avanzar hacia el desarrollo sostenible, Gallopin (2003) menciona que se necesita eliminar las rigideces y obstáculos acumulados, identificar y proteger la base de conocimientos y experiencia acumulados que son importantes como los cimientos para avanzar, sostener las bases sociales y naturales de adaptación y renovación, e identificar y acrecentar la capacidad necesaria de renovación que se ha perdido y estimular la innovación, la experimentación y la creatividad social. En conclusión, la innovación tecnológica permanente y las modificaciones que experimenta la organización social hacen que el desarrollo sostenible sea un proceso dinámico. Parte importante del proceso de posibilitar el desarrollo sostenible es aprender a conocer la forma en que las tasas de cambio influyen en el comportamiento de los sistemas sociales, ecológicos y económicos (Gallopin, 2003). Además, las distintas definiciones del desarrollo sostenible comparten el respeto por la necesidad de integrar los intereses económicos y ecológicos. Más allá de este aspecto básico, sus elementos comunes son más sutiles. Para lograr el desarrollo sostenible es muy importante comprender las vinculaciones entre los aspectos social, ecológico y económico de nuestro mundo. Ello obedece a que, en general, el comportamiento de un sistema está determinado tanto por las vinculaciones causales entre sus variables como por las variaciones en los valores de las variables mismas. Para comprender estas vinculaciones, conviene usar un enfoque sistémico en la observación de los fenómenos de nuestro mundo (Gallopin, 2003). El proceso de puesta en práctica del desarrollo sostenible exige complementar la aplicación de un enfoque sistémico con la integración de perspectivas múltiples.  Es la responsabilidad social la plataforma para el establecimiento de un paradigma hacia el desarrollo sostenible.

[1] El Dr. Ramón Torres Morales es Catedrático en Finanzas Internacionales y Logística Global y Dra. Virgenmina Torres es Catedrática Auxiliar en Psicología Clínica, Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto de Ponce

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